DEBO CONFESAR QUE VI GRAN HERMANO
Todo tiene su explicación, no se me tiren de los pelos antes de tiempo. Yo debo confesar que vi Gran Hermano 1, si no me equivoco creo que corría el año 2000, si, la entrada del nuevo milenio, donde pensábamos que los ordenadores iban a explotar, los aviones se iban a caer e íbamos a morir todos y cada uno de nosotros. Hubiera sido una pena porque tenía 10 años y me habría perdido media vida. Creo que esa fue la razón por la que vi Gran Hermano, por la edad. Lo recuerdo perfectamente, una noche estaba tirada en el sofá de mi casa viendo la televisión y vi que comenzaba un nuevo programa, me pareció curioso porque metían a un montón de gente en una casa y lo presentaban como estudio sociológico, a mis 10 años no tenía ni idea de lo que era un estudio sociológico, pero era joven, sin ideales, con un cerebro débil y con tendencia a ser influenciable, por tanto, me enganchó. Vi como Ismael salía de la casa como ganador y me reí cuando un susodicho, de cuyo nombre no me acuerdo, gritaba “¡quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza!, ¿quién?”. Pero hasta ahí, luego crecí, me empezaron a interesar otras cosas, mi cerebro se hizo más fuerte, mi persona menos influenciable y comencé a ver Gran Hermano como una casa llena de los personajes más variopintos que se encuentran por la geografía española, que, además, sirve de trampolín a mujeres con senos prominentes que tienen como meta en su vida hacer una portada para Interviú.
Todo esto viene porque ayer fue la final de Gran Hermano, no me sé el número de la edición, pero tiene que ser muy grande. El caso es que el timeline de mi Twitter echó fuego, no sabía que había tanta gente aficionada a ese programa. La gente estaba indignadísima, como los del 15M, aunque estos últimos si tienen razones para quejarse. La razón de la crispación era que se insinuaba que había habido tongo en el programa, porque había ganado menganito y eso era una aberración. Lo más sorprendente es que la gente amenazaba con dejar de ver Gran Hermano, al leer esto en mi casa se dibujó una sonrisa de lado a lado y la emoción se apoderó de mí, por esto hago un llamamiento:
Indignados, por favor, si amenazan con dejar de ver Gran Hermano, háganlo. Si ustedes dejan de ver ese programa, desaparecerá y la vida será mucho mejor. No tendremos que ver a Mercedes Milá gritando lo mucho que le gusta el programa y lo maravillo que es el estudio sociológico, que dejó de serlo hace mucho, para convertirse en un circo. Ya han sufrido un desengaño, que el programa está amañado, pues venga, den el paso. Hay todo un mundo fuera, lejos de Gran Hermano, hay que superarlo.
Y por último, con esto acabo y en mi blog no se vuelve a mencionar este programa, el próximo que me vuelva a decir que mi cabecera se parece al ojo de Gran Hermano recibirá un castigo lento y largo, y yo si cumplo mis amenazas.
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