Las que Televisión Canaria se olvidó
Comienzo este post dejando claro que esto no es una crítica a la organización de la Transvulcania, al contrario, no tengo palabras para definir la labor que año tras años realizan todas esas personas que, de una manera u otra, hacen posible que La Palma se haga un pequeño gran hueco en el mundo de las carreras de montaña. Admiro a cada una de ellas, por el trabajo titánico que hacen, no sólo el día de la Transvulcania, sino mucho antes. Por no hablar de los corredores, la inmensa mayoría anónimos, que entrenan día sobre día.
No sé qué se siente al correr la Transvulcania, el que me conoce sabe que el deporte no es lo mío. Tampoco conozco la sensación de estar en Los Llanos de Aridane recibiendo y animando a los participantes, debido a que la carrera comenzó a celebrarse justo cuando yo abandoné la Isla, ¡qué cosas! Básicamente, todos estos años he sido una mera espectadora de la Transvulcania, pero, a decir verdad, no fue hasta este año cuando me percaté de un pequeño problema.
El año pasado aluciné, literalmente, al comprobar que en la retransmisión de la Transvulcania de Televisión Canaria no había un comunicador que hablara medianamente bien inglés. Si a eso le suman que el ganador del año pasado fue un americano, pues ya se pueden imaginar la fantástica entrevista que le pudieron realizar a Dakota Jones cuando llegó a meta. Este año corrieron con mejor suerte, ganó Kilian Jornet, español.
Pensaba que ya había visto todo, ¿cómo es posible que en una prueba de repercusión internacional Televisión Canaria no tuviera a nadie con un buen nivel de inglés? No pido mucho, sólo que supiera preguntar si se encontraba bien o mal, simplemente.
Con el cabreo del 2012 olvidado, encendí mi televisión, aguanté durante horas un documental de leones y esperé a que empezara la retransmisión de la Transvulcania. Al principio todo bien, imágenes en directo de los últimos kilómetros que Jornet estaba recorriendo -con o sin calidad, da igual, al menos había-, en diferido de la salida de Fuencaliente, a lo largo de la carrera, todo muy bien. Entrevista a los políticos, si bueno, hay que aguantarlo. Y, de pronto, llegada del primer clasificado a meta. Aplausos, vítores, alegría, euforia. Entrada del segundo clasificado, tiempo después, el tercero. Fin.
Atónita me quedé cuando la voces en off, que habían narrado la llegada de los hombres a Los Llanos, comentan: “la primera mujer en llegar a meta viene muy cerca, nosotros nos vamos”. ¿Qué pasa? ¿que ver llegar a la primera clasificada es menos importante? Es igual de ganadora que Jornet. No voy a entrar en discusiones de si la televisión que todos pagamos retransmite más eventos de una isla o de otra, eso no es relevante -por lo menos no ahora-. Tampoco voy a cuestionar el tipo de programación, ni su calidad. Sólo diré que me parece una auténtica falta de respeto hacia las primeras clasificadas de la Transvulcania, hacia todas las participantes y hacia todas las mujeres, el quererle restar importancia a la llegada de Emelie Forsberg. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Somos menos importantes? Se trata de una prueba internacional, en la cual corren tanto hombres como mujeres. Pero tranquilos, todo aquel que haya visto la retransmisión por la televisión se habrá quedado con la llegada de los hombres, de las mujeres ni rastro. Al que le interesaba saber quién era la primera clasificada tuvo, como una servidora, que acudir a Internet, a los portales -incluido el de la Transvulcania- que si contaban con unos minutos para dedicárselos a las mujeres.
Aunque Televisión Canaria no lo crea, en la Transvulcania también hubo mujeres. Ya veremos qué pasa el año que viene.
Ono. Crónica de una estafa
Desde que llegué a Tenerife, hace aproximadamente unos cinco años, he sido cliente de Ono. Debo decir que durante mucho tiempo la calidad del servicio ha sido excelente. Pese a que muchos criticaban a esta compañía, yo la vanagloriaba, la velocidad de Internet era buena y estable.
Hasta aquí los halagos. El pasado mes de diciembre, y tras muchas llamadas por parte de Ono, decidí contratar por teléfono (por favor, no se les ocurra hacer esto nunca) un servicio que constaba de 30 megas de Internet, llamadas gratis, reducción en la factura e instalación de un router totalmente gratuito.
Al día siguiente, un flamante técnico se personó en mi casa, me instaló un mamotreto y me dijo que en unas horas Internet iría fantásticamente. Primera mentira. El caos se produjo en este pequeño piso de estudiantes, pues el wifi era casi inexistente. Podías navegar relativamente bien si estabas pegado al router, si te alejabas, o se te pasaba por la cabeza irte hasta tu habitación, ya te podías ir olvidando de navegar.
Llamo de nuevo a Ono, cuento mi odisea y un simpático sudamericano (que conste que no tengo nada contra ellos) me comenta que acaba de cambiarme el nombre de la línea y la contraseña, me invita a probar en las siguientes horas mi conexión a Internet y me explica que si me sigue yendo mal, me mandarán un nuevo equipo.
Me voy de vacaciones y, por unos días, me olvido de Ono. Regreso y vuelvo a sufrir las inclemencias de mi nueva conexión a Internet. En este punto de la historia, ya es imposible navegar, incluso estando pegado al router. Llamo de nuevo, tras una espera infernal amenizada por una musica aún peor, soy atendida por el profesional estrella de Ono. Les reproduzco la conversación:
YO: -Buenos días, le llamo porque... (cuento todo lo que ahora mismo acabo de escribir más arriba).
PROFESIONAL: -Muy bien señorita. Vamos a proceder a comprobar por cable su línea. Espere un momento. Tengo que decirle que por cable su conexión va bien.
YO: -Sé que por cable mi conexión va bien. Pero en mi casa el único aparato que se puede conectar por cable es mi portátil, los demás son tabletas, móviles y un ultrabook.
PROFESIONAL: -No le puedo hacer ningún informe de avería porque nosotros no cubrimos averías por wifi.
YO: -¿Me está diciendo que se lavan las manos si el wifi, servicio que ustedes ofertan, me va mal?
PROFESIONAL: -No, no podemos hacer nada, sólo por cable. Además, el problema puede ser que al contratar más megas, el wifi va peor.
Al escuchar esto, doy por finalizada mi conversación con este señor. Acto seguido, me pasan con una señora, a la que le cuento todo lo que me ha dicho su compañero. ¿Quieren saber cuál fue la reacción de ésta? Incrédula y medio riendo me dice que eso era imposible (yo ya lo sabía). Al decirle que deseaba darme de baja, la mujer me retiene diciéndome que el lunes, esta llamada fue un viernes, tendría un técnico en mi casa, totalmente gratuito, para solucionarme el problema. Avisé que ésta era mi última oportunidad.
El viernes por la tarde me llama el técnico para decirme que el lunes por la mañana acudiría a mi piso. Éste me explica que no tiene ningún informe de avería, por lo que sólo podría venir hasta mi casa para mirar y, como mucho, cambiarme el router de sitio. Le expongo mi malestar y le pido que no se desplace hasta mi casa, pues moviéndolo no va a conseguir que Internet vaya mejor.
El lunes por la tarde, Internet seguía es su paseo por el pasado, pues, parecía que en vez de en el 2013 estaba en el 2002, cuando en mi casa tenía que tirar un cable por todo el pasillo para poderme conectar, con la diferencia de que, al menos, en esos años, los vídeos de Youtube me cargaban. Esa tarde decidí volver a llamar a Ono para reclamar por el nefasto servicio y darme de baja.
Después de estar toda una tarde intentando trabajar con continuas caídas de Internet, soy atendida por otro sudamericano (repito, no tengo nada en contra de ellos) al que le vuelvo a contar todo, pero esta vez le pido que me facilite un número donde poder darme de baja (un 902, por supuesto) y otro para poder hacer una reclamación. Me pasa con otro compañero y éste, a su vez, hace lo propio con otra compañera. A esta última, le vuelvo a contar toda mi historia, cada vez más larga, ya que el asunto se va prolongando en el tiempo. Le explico que lo único que perseguía era que me cambiaran mi equipo, porque evidentemente el router que me habían instalado tenía un problema con el wifi. Tras muchas llamadas y al ver que mi problema persiste, le expongo que deseo darme de baja, pero eso sí, con una previa reclamación por haberme mentido a la hora de contratar unos servicios que se alejan totalmente de la oferta inicial y por haber sido víctima de la ineptitud de los trabajadores de Ono. Una vez que la trabajadora recoge todas mis quejas, me informa de que, si lo deseo, procedería a realizar un testeo de mi conexión por wifi.
Resulta que, aún estando a un metro y medio del router sólo recibo unos 7 megas. La mujer al ver estos datos, escandalosos, por cierto, decide enviarme otro técnico más para que, esta vez si, me cambie el router. Apunto, el servicio sería totalmente gratuito, a no ser que mi perro -que no tengo- hubiera mordido el cable o algo por el estilo. Con esta decisión ya tomada, me informa de que me voy a quedar sin Internet hasta que el técnico viniera a mi casa, porque me acaba de cambiar (otra vez) el nombre de la línea y de la contraseña. Resulta que la mujer no supo hacerlo correctamente y me dejó mi contraseña anterior, pudiendo acceder durante todo la noche y el día siguiente a Internet.
Llega el técnico a mi casa, mira el router y nos dice que lo va a dejar en observación unas 72 horas, que en el transcurso de ese tiempo, el problema estaría solucionado. Por supuesto, no nos cambia el equipo. Menos mal que la señora no supo hacer su trabajo correctamente, si lo llega a hacer, posiblemente ahora seguiría sin internet.
Decido irme hasta la oficina más cercana de Ono para darme de baja, ya que estaba harta de llamar a números de pago. Ahí, la joven me comenta que debo llamar al 902 que ya me había facilitado uno de los tantos sudamericanos con los que hablé. Desde la oficina ella no podía hacer nada porque había contratado el servicio por teléfono. Eso sí, me facilitó un número gratuito en donde podría hablar con trabajadores españoles y quizás ellos podrían darme una solución.
Acabo de llamar al número gratuito de Ono. No me han dado ninguna solución, es más, el hombre que me atendió me ha informado de que mi router nunca ha estado en observación y que el servicio técnico que en un principio iba a ser gratuito, me va a costar unos 24 euros. Si sumamos ese dinero a la factura que en breve me llegará y a las llamadas a números 902, este mes Ono se llevará un buen cacho de mi dinero y sin haber cumplido lo que me ofertaban.
He decidido darme de baja de esta compañía. Si están pensando en contratarla, por favor, olvídense. Busquen una que sea de fiar, que no mienta, o por lo menos, que lo haga menos, y lo más importante, que no te robe tu dinero, ni tu tiempo.
2013 a 7.50 euros
En escasas horas le decimos adiós al 2012. Supongo que todos ustedes tendrán cientos de propósitos para este nuevo año, como apuntarse al gimnasio, comenzar una dieta, dejar de fumar, conseguir trabajo (esto está más complicado) o ser mejor persona. Yo ya he desistido, siempre que comienzo el gimnasio, lo dejo. De la dieta ya ni hablamos. No fumo. Lo del trabajo me da risa y lo de mejor persona, bueno, prometo intentar aguantar la risa cuando alguien tropiece y caiga al suelo.
Mi reto para el 2013 no es otro que terminarlo como lo empiezo, es decir, con 7.50 euros en la cartera, y no morir en el intento. No pido más, ni que me toque la lotería, ni ganar un sueldo desorbitado. Ahora todos dirán, si claro, ésta escribe aquí todo esto pero luego bien que le gustaría tener una bolsa de basura llena de dinero en su casa (que los hay, pero no es mi caso). Pues no, porque la gente tiene la mala -y fea- costumbre de gastarse todo lo que está dentro de la bolsa y no dejar 7,50 euros en la cartera.
¿Dónde está el truco de todo esto? En el equilibrio. Mi cartera nunca ha sabido lo que es tener grandes sumas de dinero, pero, por suerte, siempre ha comenzado el año y lo ha acabado con un par de monedas. ¿Puedo tener un coche? No, ¿una casa? Tampoco, ¿puedo comprarme un bolso de 400 euros? Ni en sueños, pero tengo dinero en mi cartera. ¿Qué es poco? Sí, pero te repito, tengo dinero. Por tanto, en este 2013 pido que el optimismo que me inunda no me abandone, aunque a veces intente hacer la maleta e irse a un cuerpo mejor.
El problema está en que durante muchos años todos soñamos con ser millonarios, nos empecinamos de tal manera que olvidamos que nuestro principal objetivo es la supervivencia. De igual manera, no hay que relegar a los que ahogan los de arriba, mientras intentan salir a flote, probablemente, con una cifra parecida a la mía en sus monederos o incluso inferior.
Mi deseo para este año es que tanto ustedes como yo, podamos hacer frente a la subida de la luz, del transporte, de las tarifas de Correos o del agua, entre otras, sin morir en el intento, porque eso significará que, pese a los recortes, algo de la Sanidad sigue funcionando. Y si no es así, hago especial hincapié en esto, quiero que el epitafio de mi lápida no tenga ni una falta de ortografía, que con esto de que nos recortan en educación nunca se sabe.
Espero que todos lleguen a 2014 con cartilla de la Seguridad Social, sabiendo leer y escribir y contando 7.50 euros, si es así, 2013 tampoco habrá estado tan mal.
Navidad, panderetas y Michael Bublé
(Post escrito durante un viaje en barco el 20 de diciembre y publicado un día después).
Hace apenas unos meses que superé la gastritis que sufrí las navidades pasadas y ya estoy en el barco, camino de mi casa, para hincarle el diente al primer polvorón. He de decir que siempre he sentido especial predilección por esta época del año y más desde que, hace ya un lustro, paso la mayoría del tiempo fuera de mi casa.
No obstante, hay una cosa que me produce especial repulsión: los villancicos en español. No, no me gustan. Comparados con los que se cantan en inglés son cutres y mediocres. Tengo que decirlo, yo, ferviente defensora de lo nuestro, siento envidia de los villancicos en inglés. Quiero un Michael Bublé cantando y dándole pataditas a la nieve. Algo elegante, no un corro de niños dándole a la zambomba y aporreando una pandereta. Además, sus rimas son facilonas y las letras son un sinsentido -¿alguien sabe lo que significa "25 de diciembre fun fun fun"?-. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero vean y opinen:
Aquí Michael Bublé cantando:
Aquí lo nuestro:
Dejando a un lado esta pequeña reflexión/crítica, fruto de la larga travesía que estoy realizando para llegar a mi casa, admito que las tradiciones son las tradiciones y, por tanto, las respeto, pero reconozcan que, en este caso, los americanos nos superan cantando villancicos, por mucho que nosotros nos empeñemos en entonar que los cabellos de la virgen son de oro, que le demos prisa al burro para no llegar tarde, que nos empeñemos en que en el portal de Belén haya estrellas, sol y luna o, incluso, que nos alarmemos porque San José se quedó sin calzones después de que los ratones hicieran de las suyas. Ya ven, ellos, con un simple “Jingle Bells” nos cierran la boca.
Como dije antes, las tradiciones son las tradiciones, y aunque sea al son del "pero mira como beben los peces en el río" yo espero con ansias a que llegue el 24 de diciembre para comer las garbanzas de mi abuela y llegar a mi casa con una barriga digna de una parturienta. Ahogarme con las uvas y tener una resaca del quince el día de año nuevo, en el que nos volvemos a reunir todos. Como ven, me gustan las navidades porque es la excusa perfecta para que se pare el mundo, dejar aquello que nos preocupa, que nos mantiene todo el año ocupados, y disfrutar de esas personas a las que no puedes tener a tu lado siempre que quieres. Además, este año me he propuesto grandes retos para el año 2013, los cuales, espero, se hagan realidad y pueda hacerles partícipes. Lo de los Reyes Magos ya es un tema aparte. Supongo que casi 6 millones de españoles pedirán lo mismo que yo.
Mientras escribía este post he descubierto que Michael Bublé canta un villancico en Español. Ahora sí, ¡Feliz Navidad!
Oportunismo en su máximo esplendor
Si hay algo que consigue sacarme de mis casillas y acabar con la poca paciencia que a veces puedo tener, eso es la gente oportunista. Concepto que aprendí de mi hermano, Yoné Rocha, y que cada vez comparto más. Este tipo de personas son aquellas que se suben al carro del aplauso fácil y que hacen lo que, a su parecer, todos esperamos.
Hay cientos de oportunistas, levantas una piedra y salen corriendo despavoridos, como gallinas sin cabeza. Entre ellos, ahora también se encuentran, el Cabildo de La Palma y la patronal de la capital. Resulta que saben muchísimo de publicidad y han decidido lanzar esta campaña de Navidad:
¿La viste ya? ¿Qué te parece? ¿Te doy mi opinión? Allá voy.
Aunque al presidente de la Asociación de Empresarios del Casco Histórico de Santa Cruz de La Palma, Juan Arturo San Gil, se le llene la boca diciendo que es un idea increíble, con un efecto publicitario arrollador, la verdad es que es la campaña más oportunista que he podido ver en mi isla, digo en mi isla, porque, no es la primera vez que me encuentro con algo así. Hago un inciso y te lo explico. Cuando leí la noticia de que iban a hacer este sinsentido en La Palma, me vino a la cabeza la oferta de trabajo que me pasó una amiga hace unos meses, que, como yo, anda buscando empleo. Sí, eso que se hacía antes de que existieran los concursos, poner un currículum con tus méritos y esas cosas. El caso es que la empresa, creo recordar que era de energías renovables, explicaba que si te suscribías, pagando una cuantía, claro, podrías entrar en un concurso en el que se sorteaba nada más y nada menos que un empleo. Supongo que conocerán la reacción de todos los que vieron semejante burrada.
En La Palma nos hemos vuelto igual de modernos e, incluso, dice San Gil que los de la isla vecina, Tenerife, también copiarán tan brillante idea. Alardean de ser innovadores, porque piensan que tan brillante campaña no se le ha podido ocurrir a otra persona en el mundo. Ya vieron más arriba que discretos -como se dice en mi casa- hay en todos lados. Llámenme loca, pero, hasta donde yo sabía, a un trabajo se accedía a través de una entrevista, donde dabas a conocer tus aptitudes y donde la empresa, institución o lo que fuere, meditaba si eras o no apto para desarrollar la actividad concurrente.
Lo más penoso de esto es que hacen publicidad de la manera más sucia que se puede hacer, jugando con las necesidades de los que vivimos abajo, en la base de la pirámide. Por supuesto que la campaña ha sido un éxito. La Palma es una de las islas más afectadas por la crisis, la gente está necesitada y ve en un sorteo de un trabajo de 700 míseros euros durante 6 meses una oportunidad. Sólo espero que no hagan de las suyas y al que le toque el premio sea una persona que necesite ese dinero.
Como ven esto es un claro ejemplo de oportunismo, personas que aprovechan la coyuntura para jugar a ser calvos de la lotería. Un consejo, la ideas innovadoras mejor déjenlas a un lado y preocúpense por crear empleo, del bueno, del duradero y del que se acceda de manera digna.
Aunque pareciera que nos han arrancado toda nuestra dignidad con campañas como éstas, trabajar sigue siendo un derecho, nuestro derecho. Pero tranquilos, juegan con ventaja, ellos están arriba y nosotros abajo, ellos tienen “trabajo”, son, o así se suelen llamar, la élite de la sociedad.
A mí se me ha ocurrido una idea increíble, pero creo que no va a tener el mismo efecto: “sorteo puesto de político, 4 años asegurados, 700 euros, recuerden, la política es una vocación, no una profesión”.
Excesos festivos. Una castaña por favor
Si algo abunda en España son las fiestas. Sólo necesitamos una excusa para celebrar cualquier cosa, cogernos puentes que más parecen acueductos y disfrutar, algo que a los españoles se nos da tremendamente bien. En un par de post hablaré de las tradiciones españoles, pero al estilo canario, que también son de España -puede ser que esto me cueste algún comentario despectivo-, pero por mi condición de canaria puedo hablar con más conocimiento sobre cómo celebramos nuestras fiestas, saraos o parrandas que cómo lo hace un andaluz, por ejemplo.
Todo viene porque el otro día fue Halloween, que yo no sé qué manía le ha entrado a la gente de adoptar costumbres americanas, cuando aquí somos los reyes de los festejos. Unos lo llaman globalización, yo creo más bien que es por el gusto o ganas de gastar dinero. Te lo digo yo, que no encuentro trabajo ni para atrás y que encima invierto todos mis ahorros en una -otra- matrícula.
No sé ustedes, pero yo el día de Halloween me quedé en mi “casa”, digo “casa” porque donde vivo ahora mismo no es mi casa del todo, es, por así decirlo, mi segundo hogar. Nunca he celebrado la fiesta del 31 de octubre, incluso podría decir que no me gusta. Para disfrazarme ya tengo carnavales, que por cierto, ¿quién no se vistió de pequeño de mascarita y fue pidiendo un durito puerta por puerta? Nada de truco o trato, ni golosinas.
Nosotros queríamos dinero. Me da a mí que con la crisis, la tradición de las mascaritas va a resurgir.
Recuerdo, con especial cariño, como mi madre nos vestía. No hacía falta disfraz, un par de ropas viejas y a la calle, luego, cuando volvíamos, nos estaba esperando un caldero lleno de pan dulce, que untábamos con mantequilla y pa' dentro. Pero esto es en febrero, volvamos a noviembre. En este mes la única fiesta que celebro es San Martín o San Diego o San lo que quieran. Para mí, Halloween no es otra cosa que la antesala del 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, que a mí personalmente me da un poco de repelús, supongo que no seré la única que piensa que ese día es triste, lúgubre y, para muchos, sinónimo de resaca. Si algo extraño del 1 de noviembre es las castañas, ese día, no era cualquier día, era EL DÍA. ¿Por qué? Porque se probaba por primera vez en el año el manjar de los dioses, las castañas. Hace ya varios años que perdí esa tradición, pero la recuperaré en algún momento. Ahora, las castañas las como en San Martín.
En escasos dos días me voy y allá, me espera la bodega de mi padre, con vino y unas buenas castañas asadas. Créanme, no hay mejor fiesta que esa. Otro día hablaré de otras tradiciones que me tocan la moral. Ahora, me voy corriendo a cerrar las ventanas, que empezó a llover. Añado, no hay nada como estar en una bodega al calor del fuego, con un vasito de vino al lado, mientras pelas unas castañas y ves llover.
PD: Decidí a escribir esto después de una publicación que realicé en Facebook sobre Halloween, en la cual varias personas apoyaban mi opinión sobre la fiesta, así que la idea, en parte, también es de ellos.
A mí no se me ponen los pelos de punta, señores
He considerado prudente esperar un cierto tiempo para hablar en mi blog personal sobre algo que, como buena tijarafera, me ha indignado y lo sigue haciendo, pero menos. Es cierto eso de que el tiempo cura las heridas, pero quedan cicatrices. Nací en Tijarafe y me crié en ese pueblo del que tan orgullosa estoy y del que hablo allá donde voy. Y si por algo destaca este municipio es por su fiesta, bueno, perdón, nuestra fiesta -El Diablo de Tijarafe-.
Recuerdo, cuando era pequeña, como el pueblo se iba llenando cada 7 de septiembre, mis padres marchaban a trabajar al bar que tenían y yo me quedaba con mi abuela a esperar que se hicieran las 2 de la mañana para, desde la azotea de mi casa, ver ese festival de fuegos artificiales en el cielo. El Diablo por supuesto no lo veía, sólo distinguía un bulto negro y porque mi abuela me decía: “mira Leti, El Diablo viene para la iglesia”. Con los años, mis padres decidieron que no era bueno trabajar tanto -aunque aún hoy no lo han cumplido del todo- y me llevaron a mi primer Diablo, ese año lo vi aún más cerca, desde la azotea de unos amigos, justo al lado de la plaza. Inevitablemente crecí y comencé a correr El Diablo. Desde esa primera vez, mis amigos y yo hemos realizado el mismo ritual: por la mañana aparcamos el coche detrás de Casa Minda, nos vamos para casa y descansamos, por la tarde noche nos enfundamos los tenis, la camisa y nos vamos para el pueblo. Toca subir a El Lomo, a buscar las bebidas que sobraron de la romería, las colocamos en la nevera que mi padre tenía para ir a pescar, pero que ahora cumple otras funciones y comenzamos a calentar motores. No se crean, no nos emborrachamos, queremos estar lúcidos para recibir al señor de los terrores y danzar con él.
Este año, no iba a ser menos, hicimos exactamente lo mismo, aunque la fiesta estuviera salpicada por polémicas, políticas y rumores. Nos daba igual, era nuestra fiesta y la íbamos a disfrutar, ya si otros quieren matarse entre cruces de acusaciones, que lo hagan. A título personal, tengo que decir que, cuando estoy fuera de mi casa, de mi pueblo, y me siento un poco desanimada, entro en Youtube y veo los vídeos de El Diablo, da igual el año, 2007, 2008, 2009, el que sea. Todos, absolutamente todos, me ponen los pelos de punta, me suben el estado de ánimo y hacen que sienta un cosquilleo por las piernas que me invita a saltar y a bailar sin parar. Durante todo un año había estado esperando a que llegara ese día, el día en el que las emociones fluyen, el día en el que al son de la música esperamos a que aparezca él, haga su reverencia y comience el espectáculo.
No obstante, este año no fue así. No les voy a negar que me lo pasé bien, pues eso no es muy difícil, con un par de amigos siempre se hace una buena parranda. Pero noté algo raro en el ambiente, algo que me hizo pensar: “este diablo, no es mi diablo”. Con esa sensación extraña llegué a mi casa, me quité los tenis y me fui a dormir.
La sorpresa fue cuando vi el vídeo de El Diablo 2012, lo primero que se me vino a la cabeza fue: “¿qué han hecho con mi diablo?”. Desorganización y luces al más puro estilo Avalon Lounge. No señores, a mí este diablo no me pone los pelos de punta y supongo que no soy la única persona a la que le pasa esto. ¿Luces de colores? No son necesarias, señores. El diablo ya es espectáculo en si mismo, no necesita eso. Queremos ver una plaza repleta, con claridad, donde el principal protagonista sea él y que se note que está ahí. No un bulto negro entre destellos azules, violetas y verdes. En las tradiciones la innovación se convierte en un cáncer, sean fieles a lo que se ha hecho hasta ahora, pues gusta y emociona.
En otros vídeos he visto gente saltando, contenta, un Diablo haciendo reverencias, comunicándose en un lenguaje no verbal con los que estamos en la plaza. No crean que lo digo porque El Diablo lo corra Menganito o Fulanito, eso, al fin y al cabo, es lo de menos. Soy la primera que piensa que Tijarafe somos todos los tijaraferos y no un grupo de personas, por eso, no considero coherente que la danza de El Diablo tenga que recaer en una sola persona, todo en esta vida es caduco y esto no iba a ser menos. Pero intenten hacerlo con normalidad, sin abocar a nuestra fiesta al fracaso.
No voy a entrar en polémicas ni políticas, principalmente porque tengo la clara convicción de que la política lo infecta todo. No les voy a negar, me interesa la política, como supongo que a cualquier persona le interesará, quiero estar al tanto, pero hasta ahí. No crean que esto lo escribo porque soy de un partido o de otro, tengo ideologías, como cualquier ser humano de este planeta, pero no me considero afín a ningún partido, básicamente porque mi condición de periodista (no practicante por el momento) no me lo permite, estar afiliada a un partido sería cavar mi propia tumba profesional. Simplemente soy una tijarafera molesta, que no enfadada, que acogiéndose a su derecho de expresión opina. No necesito esconderme detrás de un seudónimo para exponer lo que pienso y siento como tijarafera. Soy Leticia Rocha Pérez, hija de Berto el del Bar Canarias y Remedios y no me siento orgullosa del resultado de la fiesta de El Diablo. Si alguien se siente molesto con mi palabras, ruego que me perdonen, pero hay que aceptar las críticas, este es mi espacio para opinar, de igual manera, si alguien discrepa con mis palabras, le invito a tomar un café y a hablar cara a cara sobre este tema.
Como bien dije antes, no voy a entrar en polémicas, no me importa lo que se haya dicho o hecho, lo único que aquí importa es que El Diablo nos siga emocionando. Quizás, y perdonen el atrevimiento, no todos seamos válidos -yo la primera- para realizar y llevar a un buen puerto nuestra fiesta, de la cual nos sentimos tan orgullosos los tijaraferos. Un consejo: no queramos convertir nuestro pueblo en un patio del colegio, donde un niño chincha al otro y este último llora. Tampoco recreemos en Tijarafe un plató de tele-basura, donde si tú me acusas de algo, yo te acuso de algo peor. Señores, un poquito de elegancia y sentido común. Al final, los principales afectados seremos nosotros, porque si acabamos con nuestra fiesta, no sólo terminaremos con una tradición, pondremos punto y final a un día en el que nuestros comerciantes y hosteleros engordan sus cajas, acabaremos con nuestra marca de identidad y destrozaremos un gancho que atrae una cantidad ingente de turismo. No seamos bobos, señores.
Buscando nuevas salidas profesionales, ahora cocino
Ahora que soy una nini, es decir, que no estudio ni trabajo, no porque no quiera, sino porque no me dejan, he decidido dedicarme a la repostería, aquí les dejo mi primera obra de arte, un bizcocho. No se crean que ha sido invención mía, básicamente es una receta de Isasaweis que vi mientras buscaba nuevas formas de maquillarme
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Aunque tuve problemas para que se hiciera, siempre que lo miraba estaba crudo, pues no me ha quedado del todo mal, por lo menos a mi padre y al perro les gusta, tanto es así, que del bizcocho en cuestión sólo queda esto.
Si me decido a hacer alguna cosita más, lo contaré, que para eso soy periodista-cocinera.
DEBO CONFESAR QUE VI GRAN HERMANO
Todo tiene su explicación, no se me tiren de los pelos antes de tiempo. Yo debo confesar que vi Gran Hermano 1, si no me equivoco creo que corría el año 2000, si, la entrada del nuevo milenio, donde pensábamos que los ordenadores iban a explotar, los aviones se iban a caer e íbamos a morir todos y cada uno de nosotros. Hubiera sido una pena porque tenía 10 años y me habría perdido media vida. Creo que esa fue la razón por la que vi Gran Hermano, por la edad. Lo recuerdo perfectamente, una noche estaba tirada en el sofá de mi casa viendo la televisión y vi que comenzaba un nuevo programa, me pareció curioso porque metían a un montón de gente en una casa y lo presentaban como estudio sociológico, a mis 10 años no tenía ni idea de lo que era un estudio sociológico, pero era joven, sin ideales, con un cerebro débil y con tendencia a ser influenciable, por tanto, me enganchó. Vi como Ismael salía de la casa como ganador y me reí cuando un susodicho, de cuyo nombre no me acuerdo, gritaba “¡quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza!, ¿quién?”. Pero hasta ahí, luego crecí, me empezaron a interesar otras cosas, mi cerebro se hizo más fuerte, mi persona menos influenciable y comencé a ver Gran Hermano como una casa llena de los personajes más variopintos que se encuentran por la geografía española, que, además, sirve de trampolín a mujeres con senos prominentes que tienen como meta en su vida hacer una portada para Interviú.
Todo esto viene porque ayer fue la final de Gran Hermano, no me sé el número de la edición, pero tiene que ser muy grande. El caso es que el timeline de mi Twitter echó fuego, no sabía que había tanta gente aficionada a ese programa. La gente estaba indignadísima, como los del 15M, aunque estos últimos si tienen razones para quejarse. La razón de la crispación era que se insinuaba que había habido tongo en el programa, porque había ganado menganito y eso era una aberración. Lo más sorprendente es que la gente amenazaba con dejar de ver Gran Hermano, al leer esto en mi casa se dibujó una sonrisa de lado a lado y la emoción se apoderó de mí, por esto hago un llamamiento:
Indignados, por favor, si amenazan con dejar de ver Gran Hermano, háganlo. Si ustedes dejan de ver ese programa, desaparecerá y la vida será mucho mejor. No tendremos que ver a Mercedes Milá gritando lo mucho que le gusta el programa y lo maravillo que es el estudio sociológico, que dejó de serlo hace mucho, para convertirse en un circo. Ya han sufrido un desengaño, que el programa está amañado, pues venga, den el paso. Hay todo un mundo fuera, lejos de Gran Hermano, hay que superarlo.
Y por último, con esto acabo y en mi blog no se vuelve a mencionar este programa, el próximo que me vuelva a decir que mi cabecera se parece al ojo de Gran Hermano recibirá un castigo lento y largo, y yo si cumplo mis amenazas.






